
Es nuestro oficio, uno lleno de retos, de laberintos psicológicos, de trampas puestas por nosotros mismos e indiscutiblemente de mucha satisfacción, paradójicamente. Y digo paradójicamente porque una paradoja siempre nos deja una pregunta, o muchas. ¿Será posible establecer un camino seguro, sistematizado, ordenado e infalible hacia el éxito o la eficacia casi total, en un quehacer tan subjetivo cómo el nuestro? Un oficio en donde “la opinión” es por tradición, la gran vara con que somos medidos, no sólo por el director o el público, sino por nosotros mismos, corriendo siempre el riesgo de ser engatusados vilmente por nuestro orgullo y egocentrismo, que no es para nada escaso entre los de nuestra clase (incluyéndonos). ¿Cómo llegar a la verdad, sin que este triunfo sea una coincidencia maravillosa, ni una suerte de condiciones casuales, sino una técnica depurada, acompañada por una gran convicción de “ser”?
Respecto de las posibles respuestas a este marasmo de preguntas que nos asaltan en nuestro quehacer actoral, Stanivlsaki nos proporciona luces de faro en un gran mar oscuro.
Lo primero que se nombra es la Imaginación, toda aquella parte de la técnica que ya conocemos intuitiva y hasta podríamos decir académicamente, pero que con mucha claridad Michael Chéjov nos trae nuevamente, coloreado con nuevos colores. Es entonces la parte más entusiasta del duro proceso de creación de un personaje, es el momento de dar rienda suelta a todas esas cosas que pensamos que podría hacer, decir o no decir nuestro personaje, basándonos en lo que la autor a través del texto nos deja vislumbrar en cuanto a lo que podría ser este nuevo ser, que ambicionamos traer a la vida. Se imagina, se intuye, se analiza cuál podría ser la cualidad general o las cualidades que le den la calidad del material del que estará hecho nuestro personaje y a través de estas cualidades, de la puesta en práctica del hecho de percibirlas y sentirlas propias realmente, se llegará entonces a unas sensaciones, que junto con las primeras empezarían a despertarnos nuestros sentimientos artísticos. Hasta aquí seguimos más o menos el método tradicional que por intuición o por orientación académica implícita, hemos practicado en nuestra escuela. Por eso es tan imprescindible tener una buena orientación en cuanto a nuestra impresión sobre el personaje y nuestro enamoramiento hacia él. La gesticulación Psicológica (gs), la entiendo como el conjunto de pequeños estímulos e imágenes internas que apoyan, los llamados sentimientos artísticos, pero es fundamental ver como ese flujo y reflujo interno se ve afectado por la relación con los demás personajes y las situaciones en que se encuentra a lo largo de la presentación. Stanivsalski propone llevar apuntes de cada movimiento físico e interno del personaje en las primeras exploraciones e improvisaciones. Esto sería interesante a manera de investigación, de observación con rigor científico, de seguimiento a una evolución o posible involución del trabajo. Repetir los movimientos una y otra vez hasta que se sientan naturales no sería muy conveniente, si se siente que esos movimientos fijados fueron lo primero que se encontró o el resultado de una búsqueda errada. En nuestro montaje “PROYECTO PILOTO”, de Enrique Buenaventura, no hemos utilizado esta técnica a nivel grupal y en lo que nos concierne, tampoco a nivel personal, quizás hemos tenido grandes falencias en cuanto a fijar, pues necesitamos muchísimo tiempo en la exploración y nuestros múltiples compromisos académicos, nos restan tiempo y espacio para ella. En nuestro caso particular, podríamos utilizar el repaso de las sensaciones, el nuestra casa, como dice Chéjov a modo de actividad interna, observadora de las sensaciones que generen nuevos sentimientos, dentro de nuestra búsqueda.
Algo que he observado que nos hace falta unificar y tener claro como grupo es el Superobjetivo de la obra “PROYECTO PILOTO”; ese por qué fue escrita, qué superintención, qué imagen generadora de sentido abordó al autor para escribirla; es esto fundamental, de lo contrario pareceremos retazos -a veces hermosos, a veces lamentables- de distintas cosas que no guardan relación. Es este el objetivo principal, que pasa por encima de los objetivos de las escenas y de los personajes, aquello que queda después que cae telón, cuando la verdadera obra comienza y empieza a ser arte.
El superobjetivo del personaje debe tenerse claro a lo largo de toda la obra, como un ir y venir incesante que se apodera de nuestro personaje, así aún no lo haya alcanzado. En cada gesto, cada movimiento, las sensaciones artísticas del actor deben estar en contacto con el superobjetivo de su personaje, de lo contrario sucederá, como nos ha pasado a menudo: Nos mantendremos pasivos durante casi toda la obra y sólo seremos notables al espectador, en el momento que nuestro personaje, salga a conseguir su objetivo explícitamente; cosa que suele ocurrir muy a menudo con los personajes de las Muertes, en nuestro montaje.
El Cuerpo Imaginario, técnica muy interesante en donde vemos objetivamente al ser, nos lo imaginamos con todas sus características físicas, verlo andar, sentarse y luego nos las ingeniamos para vestirnos con su cuerpo y a partir de esa sincera relación, vendrán en cascada muchos ricos elementos para nuestra construcción. En cuanto a la técnica del Centro imaginario, en nuestra escuela creo que necesitamos aún un grado de abstracción mental y de distanciamiento con la razón, para que técnicas como estas puedan surtirnos resultados, más allá de la simple impresión.