sábado, 6 de junio de 2009

La música como factor de evolución social y humana

El documento hace una breve descripción del papel que ha tenido la música en las sociedades a través de la historia, resaltando el poder sanador y purificador, al que alguna vez aludió Pitágoras. Describe de manera muy sintética la evolución que la música ha tenido dentro del entorno social, o más bien hace un pequeño mapa de los lugares que ha ocupado –a través de los tiempos-, en la vida del hombre. Un momento que me parece definitivo en este recuento histórico que se realiza en el documento, es aquel en donde pequeños grupos dentro de las comunidades primitivas, comienzan a especializarse en la ejecución de la música, dando origen a algo que podríamos llamar una nueva era de la música, -afortunada o desafortunadamente-, alejándose cada vez más del rito social, mientras por otro lado las comunidades optaron por desarrollar música acorde a sus conocimientos y necesidades sociales. Sería apresurado sentar una posición de respaldo o de desacuerdo, con un documento que toca el tema histórico de manera muy somera y a grandes rasgo; sin embargo, podríamos respaldar esta mirada afirmando que la música, al igual que otras disciplinas del arte, da cuenta del momento histórico y social que se vive, del conflicto humano interno del creador (artista) y de las inquietudes de una época. Emulando las palabras del gran Poeta y Dramaturgo, Federico García Lorca refiriéndose entonces al teatro, y aplicándolo a todas las disciplinas de arte, afirmaríamos que: “el teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre. Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hace esa horrible cosa que se llama matar el tiempo.”. Sabemos de sobra que las particularidades y las diferencias entre las dos disciplinas saltan a la vista, pero también es cierto que en esencia lo que Lorca afirma, es válido para las dos de alguna y otra forma. ¿De qué sirve la belleza si es encerrada en un cuarto oscuro en donde no conmueve nada, no fascina nada, ni es sublime, ni trasciende en el alma de los hombres? Es cierto que el desarrollo de las técnicas fue dando prestigio a los autores y poco a poco la música culta fue alejándose del pueblo; también es cierto que el monopolio que tuvo la iglesia y la monarquía sobre la música la convirtió en una delicia, en un bien, que podríamos llamar privado, traicionando esa característica de manifestación cultural de un colectivo que la utiliza como un medio para reconocerse, expresarse y encontrarse; para terminar convirtiéndose en un fin de unos pocos y en un goce de privilegiados; sin embargo, nunca dejó de ser ese sentimiento humano que habitaba al menos en el espíritu del hombre que la componía y los nombres que llegan hasta nuestros días, son precisamente aquellos que fueron revolucionarios en su quehacer y no se limitaron a complacer los caprichos de una clase privilegiada.
Se abre entonces la gran brecha entre la música popular y la música “culta”, pero aquí se tienen varias apreciaciones al respecto. En primer lugar debemos plantear el siguiente interrogante: ¿Es la música que se escucha hoy en emisoras radiales realmente “música popular”?, si entendemos lo popular, como algo que se construye en sociedad, un producto social, una manifestación cultural natural, que toma elementos de su historia y sus raíces, dando como resultado un aire musical representativo de una región o cultura y con una intención clara en cuanto a las letras (si es el caso) de las canciones; tendríamos dificultades para distinguir música popular de “música comercial” o “música de consumo” o peor aún “música desechable”, porque cabe anotar que muchos ritmos son impuestos al “mercado” oyente y como todo lo impuesto se va desmoronando, se consume, se agota, se jacta y desaparece sin dejar la más mínima huella. Lo contrario que pasa con la verdadera música popular y clásica, cuyas creaciones hacen parte de un proceso histórico y siguen siendo vigentes en nuestra sociedad y si desaparecen, lo hacen dejando un legado y viviendo en las distintas expresiones musicales que conservan elementos importantes de ellas.
En segundo lugar, podemos observar en las tendencias contemporáneas de la verdadera música popular, (y otros casos aislados en la historia) el interés de fusionar –con éxito o no, eso no he de juzgarlo yo- la música culta con otras expresiones musicales, entremezclando algunos elementos de parte y parte o incluyendo instrumentos clásicos en ejecuciones de música popular. Esto podría ser una salida para afrontar el reto final que la autora del artículo nos plantea; ese reto que muy seguramente ya nos hemos planteado en reiteradas ocasiones todos aquellos que nos autodenominamos amantes de la música… ¿podría ser?...tendremos que averiguarlo.

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